viernes, 20 de febrero de 2015

El fuego griego, el mar en llamas.

El Fuego Griego fue una de las armas navales utilizadas por el Imperio Bizantino y de las cuales se generó mucha especulación en su época. La clave de la misma lo constituía un fuego que era capaz de arder en el agua y por tanto era muy difícil de apagar desde un barco. Su utilización no solo era capaz de causar grandes destrozos sino que se le unía el componente de causar miedo en los soldados a morir quemados  y que sus propiedades al ser inexplicables en aquella época eran atribuidas al uso de brujería.
Los barcos romanos estaban decorados para la batalla con cabezas de leones y dragones, que arrojaban una mezcla viscosa por sus bocas que bañaba la superficie de los buques enemigos, los cuales al estar mojados prendían inmediatamente. De nada servía los esfuerzos de los marinos por intentar apagarlo arrojándole agua de mar, solo lograban avivar aún más las llamas.  Inmediatamente sucumbían ante el miedo de ser consumidos por el fuego de terribles demonios. El fuego griego era una arma efectiva tanto física como psicológicamente.
Su uso mantuvo en ventaja por varios siglos a la armada bizantina, permitiendo frenar el avance de las tropas árabes sobre Europa Occidental. El fuego griego era considerado un reglado de los dioses del imperio y el arma de defensa del cristianismo contra el Islam.
Aun en la actualidad no se sabe con certeza los componentes reales del fuego griego, y esto es debido que una de las claves que hicieron a esta arma tan efectiva fue mantener su composición en estricto secreto. Algunas investigaciones afirman que entre los componentes que debía tener están la nafta (derivado del petróleo capaz de flotar en el agua), salitre que desprende oxígeno al prender y cal viva que es capaz de generar grandes cantidades de calor al entrar en contacto con el agua.

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